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21 agosto, 2012

Cadena de mando

El despacho del presidente normalmente reflejaba el carácter pulcro y ordenado de éste, con cada objeto meticulosamente ordenado, tanto que incluso rayaba en lo compulsivo. Aquél día, sin embargo, cuando su asesor entró por la puerta descubrió un universo totalmente desconocido para él. Los bolígrafos estaban esparcidos por la mesa sin sentido alguno, los papeles se arremolinaban por el suelo y una taza de café a medio terminar asomaba entre las carpetas, apiladas de mala manera en una de las múltiples estanterías que abarrotaban el espacio, contribuyendo de manera notable a la sensación de agobio que reinaba en el ambiente. La atmósfera se tornaba asfixiante en un lugar que antaño era sinónimo de paz y sosiego.

El aspecto del presidente denotaba que últimamente no estaba durmiendo correctamente, aquél condenado asunto le había quitado el sueño. Terribles ojeras, pelo alborotado y barba de tres días. Las malas noticias estaban logrando causar estragos en su aspecto juvenil, hazaña que no había logrado antes ni el mismísimo Tiempo. Tal era la precariedad que presentaba el rostro del presidente que el asesor entró cohibido, temeroso de lo que podría llegar a hacer ese hombre desesperado ante las desastrosas noticias que iba a presentarle aquél día.

- Señor, la gente se está inquietando demasiado, no entienden porqué se abusa de ellos de esta manera- inquirió el asesor con un leve deje de temor en la voz.
- Dios sabe que he hecho lo que he podido, pero tras sopesar todas las opciones durante día y noche, he llegado a la conclusión de que no tengo salida para remediar la situación. Por un lado necesito los fondos de los ricos, a quienes prometí ventajas fiscales, para financiar la inminente campaña electoral. Pero también necesito al pueblo, que es al fin y al cabo quien va a elegir en las urnas, y si continúo con esta política de recortes estoy abocado al más absoluto fracaso. 
- Así es la democracia, señor. En un sistema basado en la supuesta libertad de elección no se puede contentar a todo el mundo, por lo que hay que buscar la solución que más beneficie a uno mismo.
- Volvemos a estar en lo mismo, es una batalla que no puedo ganar. Si me quedo con los fondos, las revoluciones se recrudecerán. Pero si me decanto por la masa, habré perdido a esa poderosa minoría que consiguió que hoy día esté sentado donde estoy. ¿Qué puedo hacer?- susurró el presidente en un ligero deje de voz, más cercano a una mera reflexión personal que a una pregunta propiamente dicha.
- Déjemelo a mí, sé cómo salir de ésta - afirmó su ayudante, más seguro que de cualquier otra cosa en su vida.
- ¿Ah sí? - un reflejo de esperanza brilló en los ojos del presidente - ¿Y cómo vas a conseguirlo?
- Usted confíe en mí y haga todo lo que le diga sin rechistar. ¿Está claro?
- Desde luego, no tengo otra opción. Haré lo que usted crea conveniente. Siempre ha sabido qué hacer en los momentos difíciles, por lo que tengo en muy alta estima su criterio.
- Bien, lo haremos así entonces. ¡Ah, una última cosa, señor presidente! No voy a sacarle de esta sin obtener nada a cambio, como comprenderá.
- Ya lo imaginaba..., ¿de qué cantidad estamos hablando?
- No señor, no... no es el dinero lo que me interesa.
- Proponga usted mismo sus honorarios entonces... ¿Qué desea?

En ese instante, el calor de la habitación empezó a elevarse hasta niveles inaguantables para cualquier persona humana y una luz rojiza bañó la estancia. El presidente creyó atisbar el reflejo de una llamarada en los ojos de su asesor y sintió pánico, pero en el fondo sabía desde hacía mucho tiempo que aquél día llegaría. Mantenerse en lo alto requiere ciertos sacrificios personales, y eso lo sabían todos los políticos desde el momento en que juraban el cargo. Una única frase emergió de la boca de su asesor, ese insulso hombre que lo acompañaba desde hacía tanto tiempo y al que nunca había prestado demasiada atención. Su voz sonó inusualmente grave:

- Su alma, señor presidente.




14 comentarios:

  1. Aquí me tienes, José Luis.
    Yo creo que tranquilamente se puede decir que has escrito un texto real y no de ficción, el tema es si creemos o no en el diablo. Creyentes o no, me pregunto: ¿qué presidente no dejó su alma para llegar al poder?, ¿qué político no la vendió?
    En fin...
    Un fuerte abrazo.
    HD

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  2. Quien juega con fuego se quema...por qué o por cuánto venderías tu alma?

    Una aferradeta (entens mallorquí, oi?) ;)

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  3. Si los señores presidentes de todos los países que participaron en las Olimpiadas (por poner un ejemplo) se dejaran el 'alma' por el bien de unas 'naciones unidas' -no sólo para demostrar el espíritu olímpico - posiblemente ... podríamos hablar de una democracia real en la que los confinados a las urnas y al voto cada cuatro años : confíasemos en que toda esa gente mandataria hará todo lo que esté en su mano para solucionar problemas ambientales, sociales, económicos, religiosos, etc, etc.

    El problema que describes es demasiado real para una ficción. Bien narrado y con una voz desesperada que se encuentra acorralada en su propia mentira. Una mentira que nos dinamitará a todos al fracaso en masa.

    Jose Luis : encantada de visitarte. No podría haber caído en mejor entrada afín con una parte de mis pensamientos. Te felicito por tu prosa y me quedo por aquí, para no perder tu alma en el vacío existencial de Internet...

    Gracias por tu visita, sé siempre bienvenido.
    Un abrazo de Laura.

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  4. Hola José Luis. Dime el ayudante tal vez se llama Merkel?, Obama?, Sarkosi?, porque son los poseedores del alma de muchos presidentes que se olvidaron del pueblo para favorecer a unos pocos.
    Te dejo mi huella para no olvidar el camino de regreso a leerte.

    Un abrazo.

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  5. José Luis, aquí estoy!
    Gracias por su invitación y por arribar a mis puertos de mar...

    Un relato atrapante que describe las ambiciones sin límites del poder, en muchos casos...

    Saludos azules desde mi playa...

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  6. Este "señor" no gana las elecciones ni vendiendo su alma ni la de toda su familia. Va a ser el primer presidente que no gana dos elecciones seguidas (Suárez no cuenta porque se retiro).

    Me alegro de que después de tu retirada vuelvas con fuerzas.

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  7. Creo que los políticos ya hace mucho tiempo que perdieron su alma.

    Saludos.

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  8. Las ambiciones del poder tocan lo más profundo del ser humano, el asesor era el diablo, desde el primer momento vino para hacer su trabajo, llevarse el alma del polìtico.

    un saludo

    fus

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  9. Aquí estoy. Me ha gustado mucho. Realista, por paradójico que suene tratándose de un relato fantástico, tomamos este trueque como algo normal, una de esas noticias que un día saldrán en la tele (que viene a ser como si lo dijera Dios, para muchos), y diremos que no lo sabíamos pero que no nos sorprende. Ya digo, realista. ;-)

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  10. A todo presidente le llega su San Martín, cada cual recibirá en su momento una descompensación o mejor, una falta de recompensa por todo lo que no llevó a cabo, por todo con lo que se comprometió y nunca cumplió porque se debía a los compromisos heredados, a los pactos invisibles que siempre le han apoyado y ahora tienen que resarcir sus pagos con leyes, propuestas totalmente incomprensibles y nada evolucionistas, justamente lo contrario, en absoluto crecimiento y progreso.

    Un buen relato, sin duda. Gracias por tu visita y comentario.

    Un saludo cordial

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  11. Todo el que alguna vez haya tenido poder, ha vendido su alma, al diablo o al trabajo... que para el caso es lo mismo.

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  12. Dicen que para llegar a la cúspide de cualquier organización hay que ser poco menos que un psicópata.
    Sea un gobierno, una empresa o incluso la cruz roja.
    Para llegar ahí hay que eliminar adversarios, conspirar, mentir y dejar de lado los sentimientos.

    Saludos.

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  13. Hola Jose, hay palabras que no creas se olvidan tan facilmente y lo creas o no, pueden llegar a ayudar a algunas personas.

    Sigue asi,
    Francisco M.

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  14. Gracias, José Luis, por pasarte por mi blog. Aunque te gustó mi relato no quedó entre los quince primeros, que se le va a hacer. Te relato me ha gustado por el realismo que imaginas y debes andar descaminado. Destaco tu frase: "Así es la democracia, señor. En un sistema basado en la supuesta libertad de elección no se puede contentar a todo el mundo, por lo que hay que buscar la solución que más beneficie a uno mismo" que por supuesto no quiero compartir pero es la realidad. Venga, nos leemos.

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